lunes, mayo 07, 2007

La Actitud Profesional

Pareciera ser que ser "Revolucionario" está reñido con el compromiso de perfección que debe marcar la actividad de quien hace cualquier cosa.
Sea una acera para el barrio, el estudio de una imágen para un diagnóstico médico o la preparación de una clase para los alumnos de biología; es imprescindible que todo quien pretenda reclamar para sí la calificación de Revolucionario entienda que las aceras deben ser perfectamente planas, sin pendiente peligrosa y de espesor uniforme, con una superficie antiresbalante, resistente al uso diario y al abuso de algunos conductores, con materiales de primera calidad y representar el precio que se cobra por ella, que la exploración prolija y detallada de esa imagen puede marcar la diferencia en que se logre o no detectar una incipiente enfermedad, que amerite un tratamiento oportuno y apropiado que pueda salvarle la vida o prolongarle la calidad de la misma a ese paciente, que la repetición absurda de lo que el profesor (medio-)recuerda de un texto desactualizado no es la mejor forma de trasmitir a un estudiante la vocación por la búsqueda del conocimiento.
Un Revolucionario está obligado a ser el mejor, el más competente, el más conocedor, el más preparado, el primero de su grupo. No importa si de verdad lo logra, pero no pude dejar de esforzarse por hacer de lo que haga un apostolado de la perfección.
No basta la camisa roja, la boina y las frases gastadas de panfleto, hay que ser ejemplo de perfección, de tranajo y de solidaridad para que los que aún no han entendido el proceso nos vean con admiración y crean en la Revolución y la hagan suya.
Denunciar al incomptente, al pirata, al flojo, al "chulo" de las instituciones es un deber revolucionario.
Marchemos al frente. Que la vanguardia sea la élite de la revolucion. Los demás sígannos que ése es el ejemplo.

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